Sunday, January 27, 2008

Marcos Pérez Jiménez: "Hubiera dado lo que fuera para que mataran a Kennedy"

A cincuenta de su derrocamiento, publicamos un resumen de la extensa conversación de ocho horas, donde el exdictador me manifestó que le parecía una aberración que la suerte de Venezuela se estuviese debatiendo entre un militar y una reina de belleza, refiriéndose a los candidatos presidenciales para las eleciones de 1988. También habló de sus enfrentamientos con Estados Unidos, sus diferencias con el Departamento de Estado y su cercanía con el Pentágono.

"No asesiné a Delgado, pero a Urbina si lo mandé a matar yó...", me afirmó en la entrevista.

"Mi madre, que nació en Colombia, vino a Michelena (Táchira) a fundar un colegio de mujeres, y se casaron, mi padre que ya tenía más de 60 años y mi madre que tenía cerca de 40".

Por Jose Emilio Castellanos
La Moraleja, Madrid, España

Marcos Evangelista, el general que gobernó con mano dura a Venezuela durante una década, tomó el nostálgico aire de un "abuelo" que sabe que su final está cerca. A mitad de nuestra entrevista de ocho horas, registrada en abril de 1998, sintió algo así como la necesidad de hacer algunas revelaciones fuera de su trillado discurso a la prensa. Hablamos de su infancia -su madre había nacido en Colombia-, y más adelante, al referirnos a Rafael Simón Urbina, su revelación sonó como una explosión: "A ese gran carajo sí mandé a matarlo yo...". Encendimos de nuevo la grabadora, y explicó sus razones.

En otro instante largó una carcajada tras un mexicanismo para referirse a la muerte de John Fitzgerald y Robert: "A los Kennedy les dieron en la mera torre; me ahorré unos churupos, porque hubiera dado lo que fuese por la eliminación física de John Fitzgerald...".


Le pregunté si podría darle copia de estas declaraciones a alguna biblioteca, para uso académico, y dijo que no tenía que arrepentirse de nada de lo que decía, que no esperaba morirse aún ("estoy reposando aquí... ahora, morirme todavía no quiero morirme") pero que estaba lleno de males de salud -acababa de regresar de un chequeo médico. Tuve que apagar la grabadora, porque la lista de sus males se hacía larga.
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La conversación se había iniciado a raíz de unas copias en mi poder sobre los encuentros de los presidentes Isais Medina Angarita y Rómulo Gallegos con Franklin Delano Roosevelt y Harry S. Truman, documentos que reposan en el Archivo Nacional de Estados Unidos, donde se dejaba en claro que en algún momento Pérez Jiménez fue seguido por las embajadas estadounideneses para detectar el objetivo de sus giras por algunos países de América Latina, visitando a militares y dictadores antes de él ejercer el poder, hecho que admitió.

Unos papeles demostraban cómo el presidente Harry Truman se oponía a reconocer a los golpistas del 48, al extremo de mantener las relaciones con el "rebelde" embajador Carnevalli, atrincherado en la residencia de Venezuela en Washington después de derrocado Gallegos, mientras un sector del Pentágono y de las petroleras presionaban a favor de los golpistas, en cartas donde se señalaba que Rómulo Betancourt era la bandera del comunismo en América Latina y Rómulo Gallegos era su títere... papeles para la historia.

Recordamos la muerte a tiros de Rafael Simón Urbina y su presunto intentó de suicidio dentro de la Embajada de Nicaragua, luego del asesinato del presidente de la Junta, Coronel Carlos Delgado Chalbaud, hecho registrado el 13 de noviembre de 1950, y de la nota que Urbina le dictara a su esposa María Isabel, dirigida a Pérez Jiménez, donde le expresaba:


"Desde que llegué al país deseé que usted fuera el Presidente, el comandante Delgado Chalbaud está gravemente herido y yo también me encuentro mal herido en la Embajada de Nicaragua, donde le pido protección".
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Pérez Jiménez me comentó: "Yo le dije a Urbina, ¿y quién carajo le dijo a usted que matara a Delgado?, ¿no ve la vaina que nos echó?". Poco después Urbina moriría de varios disparos mientras era trasladado por una comisión de la Seguridad Nacional.


En relación a otros crímenes que se le imputaron, en tono irónico el general me respondió: "Mire, a mí me han achacado muchas muertes, pero puedo decirle que el asesino de Berruecos no fui yo... Yo no asesiné al mariscal (Antonio José de) Sucre".

Me comentó que desconocía de la capacidad del teniente coronel Hugo Chávez Frías para dirigir al país, y que le parecía una aberración que la población estuviese debatiéndose entre un militar y una reina de belleza.



Al final, tras una sesión de "versos" de su creación, me comentó: "Escribí algunos poemas, pero no me ponga que soy poeta... yo soy un versificador, y más que versificador, soy sonetista... para ser poeta hay que ser exquisito, hacer fantasías, vivir de las fantasías... por eso cayó Gallegos".
Lo demás queda entendido en el desarrollo de la entrevista.

Comienzos en la pobreza

-¿Cómo fue su infancia?
-Dura. Nosotros pertenecimos a una familia muy pobre. El fundador del pueblo de Michelena fue un presbítero tio-abuelo mío. Se fundó Michelena porque vino un terremoto y gran parte de Lobatera fue destruida. Después vino mi padre desde Lobatera donde se casó en primeras nupcias muy joven. Mi padre enviudó. Mi madre, que nació en Colombia, vino a Michelena a fundar un colegio de mujeres, y se casaron, mi padre que ya tenía más de 60 años y mi madre que tenía cerca de 40. Del primer matrimonio, mi padre tuvo ocho hijos, del segundo cinco.

"Cuando nací mi padre tenía casi 70 años. Mi hermano, a quien asesinaron en el Country Club, nació tres años después de mí. Vengo de gente longeva. Cuando mi padre muere, deja muchas deudas, y no había la posibilidad de que pudiéramos estudiar. Muchas veces se comía deficientemente, no había para tener una alimentación completa".



"Cuando murió mi padre, hubo que repartir los pocos bienes entre la primera y la segunda familia, de manera que aquello se volvió nada. Afortunadamente para nosotros, la Botica Alemana, con la cual mi padre tenía una deuda, nos fue donada, y así preservamos la casa en Michelena. Esa casa, con el transcurrir del tiempo, se la apropió el gobierno, porque dizque era una casa mal habida, de los bienes mal habidos que se atribuían después de mi derrocamiento."
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-¿Y de sus primeros años escolares..?
-Yo quería ir a la Universidad Libre de Bogotá; pero eso ni soñarlo. Me puse a estudiar Ingeniería Mecánica, por correspondencia. Se presentó el hecho de que mi hermano salió de aspirante de una Escuela de Oficiales, y con un año de escuela salieron de subtenientes. Entonces dije: "yo me voy al medio militar". No había cumplido los 17 años que se requerían entonces para ingresar. Hice una vagabundería ahí, agregarme un año más. Entonces dijeron que podía pasar al tercer año, lo que quería decir que podía salir de oficial en dos años, pero el director de la Escuela, el coronel Eulogio Becerra, dijo que estaba muy joven. Estuvo mejor así, porque a los tres meses ya me hicieron comandante del curso de los que venían de primer año. Ahí comenzó la carrera militar.


Enfrentamiento con Estados Unidos

-Unos documentos que reposan en el Archivo Histórico en Washington hacen señalamientos sobre una supuesta cruzada librada por usted entre 1945 y 1948, promoviendo en América Latina un sentimiento contrario a Estados Unidos...

-Hasta cierto punto tienen razón, en el sentido de que lo que quería, en ese entonces, era una definición de la política de los Estados Unidos hacia la América Latina que fuese más digna hacia nuestros intereses, y no esa política tibia que pretendieron en distancia mantener a estas naciones como colonias económicas y en un estado de atraso permanente donde fuera más propicio el coloniaje económico.

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-¿En qué momento sintió las primeras presiones de parte del gobierno de Estados Unidos?

-Hubo presiones y hubo halagos. Eisenhower me distinguió con la más alta condecoración de Estados Unidos, que es la Orden del Mérito del Congreso. Ahora bien, yo siempre procuré que las relaciones entre Venezuela y los Estados Unidos se mantuviesen en un alto plano de dignidad, y no de subordinación. Surgieron varios acontecimientos que hicieron que estas relaciones se fueran agriando un poco.
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"Una de ellas, cuando se produjo una moción restriccionista que iba a pasar en el Congreso de los Estados Unidos, con el propósito de reducir la cuota de adquisición de petróleo que los Estados Unidos le tenían asignada a Venezuela. A ellos les convenía más en ese momento importar petróleo de Arabia Saudita. Entonces me fui al Congreso y manifesté que si nos restringían el mercado de nuestro petróleo al mercado norteño, suprimiría nuestros envíos de hierro a los Estados Unidos. Ante esta acción, desecharon la moción restriccionista y quedó el mercado como estaba anteriormente. Yo sabía que si se suprimían los envíos de hierro, prácticamente se paralizaba la industria siderúrgica de la Costa Atlántica en los Estados Unidos".

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-Desde el momento en que usted tiene el primer contacto con el gobierno, en 1945, hasta el momento de su extradición desde Miami a Venezuela, le correspondió actuar coincidiendo con cuatro presidentes de Estados Unidos de América, uno de ellos fue Kennedy...


-Los males que me ocasionó el presidente Kennedy coincidieron también con grandes males para los Estados Unidos. En la guerra en Vietnam, tuvieron que meter efectivos para poder contrarrestar la acción de las tropas de Vietnam del Norte y del Viet Cong, que llegaron a tener más de medio millón de combatientes. Perdieron la guerra de Vietnam, tras gastar más de 200 mil millones de dólares. De los combatientes en Vietnam, salió el primer lote de 400.000 drogadictos, que han sido la base de los 25 millones de drogadictos que tiene Estados Unidos ahora. Todo obra de una torpeza de Kennedy.
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-¿Qué razones cree usted que privaron para que se produjera su extradición desde los Estados Unidos hacia Venezuela, durante el gobierno del presidente Kennedy?

-Yo no sé cual sería el motivo que tuvo John Kennedy. El fue el principal responsable de mi extradición; y Robert Kennedy -cuando fiscal- fue quien tramitó mi extradición. A ambos, como dicen los mexicanos, les dieron por la mera torre, como si una mano providencial hubiera hecho un buen trabajo... Si a mí me hubieran preguntado si quería eliminar a ambos, yo hubiese dicho: "Sí, ¿cuánto hay que pagar?". Y si hubiera estado dentro de mis posibilidades, yo hubiera gastado lo necesario. Pero resulta que a los dos me los eliminaron gratis. Fíjese usted, que me ahorraron unos churupos.

Dictador atómico


-Dicen que usted guarda muchos secretos, y que estos quizá nunca se sepan. Pero uno que se ha ventilado es el proyecto que usted promocionó para la creación de una Planta Nuclear en Guayana...

-Hacer un reactor de gran potencia en la Gran Sabana, porque queríamos convertir aquello en una zona industrial de primer orden, generar energía por el reactor de ficción, porque los reactores de ficción, desafortunadamente, no han resultado muy prácticos. La fisión es la desintegración del núcleo del átomo que se desintegra. Pero la energía predominante en el cosmos es la de la fusión de los átomos de hidrógeno. La principal transformación es de los átomos de hidrógeno en átomos de helio, que es la energía que hay en el interior de las estrellas, y es la energía que la humanidad tendrá en el futuro: limpia e inagotable, porque el hidrógeno está en las aguas.
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-¿En qué consistía el proyecto?

-Pensé en el Proyecto del IVIC con el propósito de crear en la Gran Sabana. Por allí se iba a poner el reactor atómico, pero se iba a aprovechar la energía generada por las aguas del río Caroní, que es la segunda cuenca en potencial hidroeléctrico que tiene la América del Sur. Comenzamos por hacer la Planta de Macagua, para suministrar energía eléctrica para la Planta de Matanzas, Siderúrgica de Matanzas, que ahora la van a vender. Y digo vender. No privatizar...



Ejercicio del poder

-Mirándolo en retrospectiva, ¿no cree usted que fue un error el haber derrocado el gobierno de Isaías Medina Angarita?

-Venezuela no tenía la situación socio-económica que debía tener con respecto a su tradición histórica, de sus recursos naturales y de su situación geográfica. Uno notaba que Venezuela, mejor conducida, podría lograr esa situación. Y el gobierno del general Medina, si bien él era un hombre bondadoso, sencillo hasta cierto punto, con algún carisma, no parecía tener todas las credenciales para lograr lo que Venezuela debía lograr. Quizá lo malaconsejaron políticamente. En Venezuela se considera político quien tiene habilidad para engañar y pasarse de un bando a otro. Saltarse la talanquera a veces, cambiarse la chaqueta; eso es lo que en Venezuela se reconoce como político.
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-¿En qué momento se le cruzó por vez primera la idea de ser Presidente de Venezuela?

-No puedo decir un momento determinado, sino en función de las circunstancias que se iban presentando. Cuando regresé de Perú, después de haber hecho la escuela de artillería y la escuela de guerra, ya se me había abierto la idea de que Venezuela tenía que ser una Nación más jerarquizada. Para ese momento estábamos por debajo, a la zaga del resto de países de América del Sur. Yo traía esa idea de lograr esas posibilidades.
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-Comenzó entonces a adoctrinar a sus compañeros de armas...

-No. Había ya un movimiento. Ellos comenzaron a tomar contacto conmigo. La idea de jerarquizar a Venezuela sí era mía. Por eso, yo les respondí afirmativamente, pero el movimiento tenía que tener carácter nacional, con unos propósitos que no fueran exclusivamente de las Fuerzas Armadas. Redacté entonces los cinco puntos con los cuales se juramentaron muchos oficiales.
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-¿Cómo entra allí Rómulo Betancourt y Acción Democrática?

-Pensé, cuando la revolución del 18 de octubre de 1945, que Betancourt era el más preparado para el ejercicio de las funciones de jefe de Estado. En uno de los cinco puntos que redacté decía que íbamos a entregar el poder a un conjunto de venezolanos. Y teníamos que buscar partidos porque no podíamos dirigirnos a una persona. Acción Democrática predicaba que podía conseguir para Venezuela horizontes mejores. Yo fui uno de los que le dijo a Betancourt: "Usted debe ser el Presidente de Venezuela, en el caso de que el movimiento triunfe", pero aun antes de que el movimiento terminara, me di cuenta de que él no tenía la capacidad suficiente, pues era muy afecto al sectarismo, al partido y los intereses personales los ponía por encima de los intereses de la nación.
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-¿En qué momento conoció a Rómulo Betancourt?

-Cuando regresé del Perú encontré que había un movimiento en las Fuerzas Armadas. Me invitaron a participar. En el movimiento estaban Delgado Chalbaud, Gutiérrez, Mario Vargas, Márquez Añez. Les dije que valía la pena hacer un movimiento para que Venezuela ocupe el sitial que le corresponde en el mundo. Les señalé qué factores favorables no estaban siendo utilizados, y que no se le debía dar a las Fuerzas Armadas el único carácter insurgente para ejercer el poder, sino estructurar un gobierno a base de lo más representativo que tuviera la nación en el orden civil. Por eso fue que, habiendo sonado Betancourt como opositor al gobierno de Medina, pensé que él podía darle nuevos aires al país, pero me equivoqué profundamente... Vino el movimiento del 18 de octubre. Yo no quise ir a Miraflores a firmar el Acta de Constitución del Gobierno, de manera que allí no aparece mi firma.
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-¿Por qué no firmó?

-Porque ya me había dado cuenta del sectarismo de Betancourt. A raíz del 18 de octubre es que a mí me mandaron a esa gira por América del Sur. Me obligaron. Lo primero que hicieron fue inventar que tenía que ir a Estados Unidos a solicitar unas armas. Estuve allí un mes, y regresé a Venezuela, donde me tenían un tanto distanciado. Después inventaron una gira por Latinoamérica -Haití, Guatemala, Panamá, Ecuador, Perú, Chile y Argentina. En ese entonces sí hice labores para que las relaciones entre los Estados Unidos y América Latina fueran en un plano de mayor dignidad para Latinoamérica. Eso hizo que Estados Unidos comenzara a verme con cuidado.
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-¿Fue idea suya la de integrar un gobierno con civiles, una junta cívico-militar con Rómulo Betancourt?

-Sí. Propuse que se integrara un gobierno cívico-militar, en el cual estuvieran representados lo más granado de la representación de los venezolanos.
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-No ha mencionado a Rómulo Gallegos...

-Rómulo Gallegos, excelente literato y novelista, pero en Venezuela se piensa que el poeta, que el novelista, está apto para conducir a la nación. No hay nada tan distante de las condiciones requeridas para la conducción de una nación, porque son fantaseadores, son creadores de imágenes, y mientras más creen imágenes en abstracto, más buenos novelistas son, más buenos poetas son. Para ser jefe de Estado hay que tener conocimientos adecuados y ser un hombre muy pragmático.
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-¿Acaso a Gallegos lo manejaba Betancourt?

-Lo manejaban todos, lo manejaban los ministros. Hay quienes dicen que tenía carácter; no tenía nada de carácter, nada. Llegaba a Miraflores a las 10 de la mañana, se ponía a dar vueltas, pedía un cafecito, iniciaba unas charlas, y venía un ministro a darle cuentas y decía: "deje eso ahí, vamos a hablar de otras cosas", y se embarcaba en unas charlas que nada tenían que ver con la conducción del Estado. No se ocupaba del gobierno. Ahora, como novelista me quito el sombrero.




(Primera parte, de cinco)

5 comments:

Cörso said...

¡Magnífico!

Mauricio said...

Viva PJ !...

Cörso said...

¿cuando seguirá publicándo las demás partes? Espero con emoción.

M.P.J. said...

Exacto cuando publican mas de esta entrevista, estamos interesados en saber mas, queremos saber mas

Jose Ignacio said...

excelente entrevista, por favor añade las otras partes!